El Affair Borat

El tipo de la fotografía que se oculta tras el mostacho es Borat, periodista de la televisión de la República de Kazajstán. En realidad, se trata de uno de los personajes de Sacha Baron Cohen, a quien ustedes seguramente conocerán por su personificación de Ali G, el típico rapero blanco idiota. Su próxima película, centrada en este personaje, se estrenará en el Reino Unido el próximo noviembre, pero ya ha levantado ampollas entre quienes han podido ver algún avance. La razón: Borat es la quintaesencia de lo políticamente incorrecto: misógino, antisemita, homófobo… piensen en una actitud discriminatoria: Borat la tiene. En la cinta, Baron Cohen se lanza a las calles para realizar un reportaje de investigación, en la línea de los documentales de participación que han popularizado directores como Michael Moore y Morgan Spurlock, pero en las antípodas ideológicas de aquellos: algunas escenas incluyen declaraciones como Borat negándose a viajar en avión "por si los judíos repiten sus ataques del 11-S" o sugiriendo que un Humvee (un todoterreno militar) puede ser el vehículo idóneo "para atropellar gitanos". Y aquí es donde se ha armado un pitote de mucho cuidado: los diplomáticos kazajos han presentado quejas oficiales y algunos críticos han tachado la película (¡que ni todavía se ha estrenado!) como "desafortunada" y "de mal gusto", incluso se ha pedido la retirada de algunos de los pasajes.

Pido la cabeza fría a los lectores antes de continuar. En realidad la película de Baron Cohen se sitúa en una línea de humor negro que empieza con la "Modesta Proposición" de Jonathan Swift -quien recomendaba a sus compatriotas irlandeses comerse a sus niños ante la falta de alimentos-, una comicidad que surge de llevar hasta el extremo, ad absurdum, los argumentos del adversario, descubriendo la falta de consistencia de su discurso. En este caso, el de los misóginos, los antisemitas y los homófobos. Lo más revelador de todo el asunto es que en su periplo estadounidense, Borat entra en un honky tonk de Arizona -uno de esos grasientos bares de carretera llenos de rednecks- y departe con algunos parroquianos: "En mi país colgamos a los homosexuales", le espeta el periodista ficticio a un cliente. "Eso es lo que estamos tratando de hacer aquí", es la respuesta que recibe. En otra escena de esta secuencia Baron Cohen (judío de nacimiento) se arma con un micro, sube al karaoke y canta una canción “típica” de Kazajstán -que, lógicamente, no lo es- cuyo estribillo es “lancemos los judíos a un pozo” [throw the jew down the well]. Unos pocos se horrorizan, pero el resto de cuellirrojos se une en coro. La América Profunda. Esa mayoría silenciosa y devota cristiana que vota a George Walker Bush y que nos negamos a ver, existe. Baron Cohen la señala; en ese sentido es como el niño que apunta con el dedo al ciudadano deshonesto: ¿qué es peor, el gesto del niño señalando con el dedo o el mal comportamiento de algunos de nuestros semejantes y que el niño precisamente ha advertido? Y todo esto, por no hablar del pollo semiótico: ¿se la puede calificar de mockumentary o "falso documental" aunque las situaciones en pantalla no hayan sido escenificadas y las declaraciones sean auténticas? ¿hasta qué punto es ético que alguien se haga pasar por quien no es para sacar el peor lado de una sociedad enferma? No sé ustedes, pero yo ya estoy esperando el estreno.

John Eaton.

[@more@]



Quant a smilecrew

SMILE (magazine) és la revista de múltiples orígens. Cultura + Napalm en la era de los satélites és la seva versió barcelonesa, dedicada a la cultura pOp, en la més àmplia extensió de la paraula.

Aquesta entrada ha esta publicada en General. Afegeix a les adreces d'interès l'enllaç permanent.

Una comentari en l'entrada: El Affair Borat

Els comentaris estan tancats.