“La Escafandra y la Mariposa” de Julian Schnabel

 

Siempre me gustaron los fuegos artificiales. ¿No creen que es bonito ver esa combinación de colores luminosos en el negro cielo y oír unas explosiones inofensivas allí en lo alto?; en ocasiones incluso se hace música con la serie de estruendos. Pero todos sabemos que los fuegos artificiales no son más que pólvo(ra); como su nombre indica es un artificio.

 

“La escafandra y la mariposa” empieza con unos títulos de crédito sobre impresionados en unas radiografías (casi la totalidad del film transcurre en un hospital) para dar paso a un plano subjetivo, la visión del protagonista, un tipo que se despierta del coma tras haber sufrido una embolia cerebral. Nada más empezar uno ya detecta que se trata de una película arriesgada. Dicho plano que hace ver al espectador como van desfilando médicos e enfermeras se hace cansino al poco rato. Le comunican al espectador/protagonista lo que le sucede y este rápidamente se da cuenta que es capaz de percibir todo pero que no puede moverse ni hablar. Y se acabó la película; boom fin del artificio. A partir de aquí no hay nada nuevo, tópico tras tópico.

 

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La fácil metáfora que dio título al libro original sobre el que se basa la obra de Schnabel, escrito por el mismo protagonista, un prestigioso redactor de la revista Elle, roza el infantilismo. Al fin y al cabo el sufrido enfermo no era más que un periodista de moda, que además quería reescribir el Conde de Montecristo con una mujer de nuestra época por protagonista. Menuda sandez.

 

La escafandra representa la claustrofobia que supone vivir sin vida, como dijo Sampedro. Atrapado en tu cerebro sin poder hacer ni decir nada, mientras se es consciente de todo. Y la mariposa es la imaginación, que dentro de uno puede echar a volar y llegar a lugares recónditos. Schnabel presenta esto con una serie de imágenes preciosistas, vistas de pájaro de paisajes maravillosos, desiertos, grandes olas sobre el mar, vegetación, animales, etc. La escafandra que viste un hombre bajo las profundidades del mar es la repetida imagen que se nos muestra para representar el encierro. Todo ello, una simbología facilona.

 

Luego están el resto de personajes. ¿Pueden estar más buenas las enfermeras? Creo que no. Lo están tanto que no son creíbles. No tiene perdida la escena en que una de las terapeutas enseña al enfermo a tragar, haciéndole una serie de movimientos con la lengua que pondrían cardíaco a cualquiera. La exmujer de Jean-Do, el protagonista, también es una mujer de bandera, y eso tras haber tenido tres preciosos hijos con él. La ayudante a la que le dicta el libro a base de parpadeo con un ingenioso sistema, como no, se acaba enamorando del vegetal. Y también está buenísima. Claro, él era un triunfador antes de sufrir la embolia, siempre rodeado de bellezas y conduciendo coches de lujo, como se nos muestra en una serie de irregulares flash-backs. Carai! Hasta el hospital es una maravilla, con piscina climatizada, gimnasio, todas las facilidades.

 

Como no iba el protagonista a querer seguir viviendo; a olvidarse pronto de la escafandra para coger la mariposa y soñar y volar. Pero que no cunda el pánico, para que la película no parezca una crítica a la eutanasia, algo que no sería propio de un cine arriesgado, independiente y moderno, se aliña todo ello con una aún más ridícula mofa de la religión católica. Todas las enfermeras buenorras aparecen en escena con un crucifijo colgando del cuello. La terapeuta cachonda lleva a Jean-Do a la iglesia para recibir la comunión contra su voluntad a manos de un viejo y retrograda cura. Y en uno de los flash-backs se explica el fin de semana que pasó con una super modelo beata en Lourdes, aquello que iba a ser unos días de sexo desenfrenado acabó siendo una pesadilla para el protagonista rodeado de peregrinos en busca del milagro.

 

No quiero ser mal pensado, no creo que se planteara la película como una critica a la eutanasia pero puede acabar dándonos esa imagen. Los defensores de la película, que por lo pronto son casi la totalidad de la crítica de los medios convencionales y los jurados de los premios gordos (Schanbel fue nombrado mejor director en Cannes), aludirán que el film se basa en hechos reales. Que aquello sucedió de verdad. Y bien es cierto que pueda haber quien quiera vivir en lugar de morir a pesar de estar paralizado de por vida. No entraré en ese debate. Comparas este film con la crudeza de “Jonhy cogió su fusil” del malogrado Dalton Trumbo y uno no sabe a que acogerse, no hay ni punto de comparación. Creo que esta última retrata de forma más realista el infierno que debe ser sufrir ese tipo de desgracia. Lo que Schnabel explica en dos horas, Clint Eastwood lo hace en cinco minutos en “Million Dollar Baby”. O sin ir más lejos, la actual “4 meses, 3 semanas y 2 dias” de Christian Mungiu, nos habla del también espinoso tema del aborto en la Rumanía de finales de los 80 con realismo, sin caer en lugares comunes, con radicalidad, sin morbo, de forma objetiva, colocando la cámara para que los hechos se juzguen por si mismos. No hace falta recurrir al artificio, al videoclip (música de U2 y Tom Waitts), a la técnica del plano subjetivo, al desenfoque, a los movimientos bruscos de la cámara y a las imágenes preciosistas para intentar transmitir al espectador una serie de sentimientos. Darle todo tan masticado al espectador es un insulto a su inteligencia. 

 

Sr. Contable 

 

 



Quant a smilecrew

SMILE (magazine) és la revista de múltiples orígens. Cultura + Napalm en la era de los satélites és la seva versió barcelonesa, dedicada a la cultura pOp, en la més àmplia extensió de la paraula.
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2 comentaris a l'entrada: “La Escafandra y la Mariposa” de Julian Schnabel

  1. Que hay! me gusta mucho vuestro fanzine, bukowski y el papa clemente compartiendo espacio. Yo hago dibujillos, si os interesan ahí están.

  2. hola, hermanos. Visitad mi blog si os piace.
    “LA CREENCIA ES EL ENEMIGO”

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